El periodo electoral para el Centro de Alumnos fue muy movido y también molesto para muchas personas. Y esa molestia, muchas veces, es justificada. Los patios se llenan de afiches, todos iguales, que en vez de enfatizar ideas, muestran caras. Nuestros auxiliares son los que sufren el despilfarro. Además, los candidatos nos ponemos invasivos, le hablamos a gente con el sólo motivo de convencer o, aún peor, ganar votos, e incluso olvidamos el verdadero fin de toda esta actividad. Ojalá en los próximos años tomemos conciencia de los excesos absurdos en que se cae y tengamos campañas austeras y centradas en las ideas.
Pero las campañas electorales también tienen aspectos positivos. Así, es un punto de inflexión en la vida en la universidad de muchos de nosotros, en el que nos encontramos con gente que comparte nuestras inquietudes y que se sienten movidos por una voluntad firme de cambiar esta Facultad.
Las elecciones son también un momento en que la discusión sobre el rumbo que toma nuestra escuela de Derecho se vuelve más importante que nunca, y una instancia en la que muchos se sienten llamados a hacer algo al respecto. Eso es lo que pasó con nuestro proyecto. Mucha gente que ni siquiera nos conocía se sintió llamada a participar y se entusiasmó con nuestras ideas, con nuestra rabia frente al conformismo y la indiferencia, con nuestras ganas de que esta Facultad deje de ser tan monolítica y homogénea. También pudimos poner en duda y discutir las opiniones de quienes, escudados en caretas ideológicas ajenas a nuestro ámbito, impiden que se discutan los problemas de fondo de esta Facultad. O peor aún, esos que sin siquiera entender lo que proponíamos, lo criticaban a diestra y siniestra (por ejemplo, el concurso público de profesores).
Pero lo más importante, es que en las elecciones descubrimos que más de un tercio de esta Facultad no está conforme con lo que se ha hecho, cree que las cosas pueden ser mucho mejores y considera que la observación pasiva de las decisiones de las autoridades y la organización de asados no son el camino a seguir.
Gracias a ese 35% que se la jugó por nuestro proyecto y dijo “no queremos una Facultad conformista; no queremos una Facultad que defienda nominalmente principios sin ponerlos en práctica; lo que queremos es una Escuela que hagamos entre todos, que esté al servicio de la justicia y que crea en el pluralismo".

3 comentarios:
Buena Pelón, rescato lo primero que escribiste. Comparto que las campañas deberían ser más austeras, que esa misma plata, que es harta, se podría usar precisamente en lo propio de un Centro de Alumnos: sus alumnos; en becas y demás beneficios.
Además, la conquista de los votos no debería ser a través de quién llama a más perosonas por teléfono, a fin de cuentas, quién tiene una mejor maquinaria, sino que las ideas y el ejemplo de quienes las proponen deberían ser lo que prime.
Eso sí, hay que tener cuidado de no caer en una competencia absurda, en una odiosidad que nubla los objetivos de fondo, que hace que las elecciones sean completamente pasionales y se olvide el objetivo final. El servicio público no es servicio si no se sirve, lo cual por evidente que parezca, muchas veces se olvida. El servicio es una entrega desinteresada, pura y que no hace excepciones, abarca a todos, absolutamente a todos.
Cualquier ruptura con respecto al conformismo es un asunto loable. Cualquier intento de poner la mano sobre la mesa, sea izquierda o derecha, es una intención impagable. La valentía de hacer aquello en el lugar en que tú estás me recuerda las discusiones que hemos tenido, siempre interesantes y profundas, y tu capacidad de ir más allá del pensamiento del statu quo, tu incapacidad de dormirte en argumentos sozos. Si lo incisivo y directo de una propuesta colectiva e inteesante sacó un 35% en tu facultad, puedo tener un poco más de confianza en tu escuela (sólo un poco)
Saludos, mi helmano.
Muy de acuerdo Pelón. Sólo creo que estar en contra de la maquinaria no quiere decir necesariamente que hay que limitar la elección al cuento de las ideas.
El hombre no es sólo razón, también es voluntad y afectos. Por eso, no sólo debemos apuntar a las ideas, sino también a transmitir vivencialmente lo que somos para generar confianza y lograr de parte del electorado un compromiso personal menos frágil. El problema es que, así como las ideas también pueden ser falases, lo afectivo puede ser falso (justo para las elecciones te empezaron a importar las personas, las llamaste y las invitaste a participar, "¡porque este proyecto es tuyo!").
Pero lejos de ser malo, es consecuente vivir en la práctica lo que predicas con las ideas. Y como dice el viejo refrán, "un ejemplo vale más que mil palabras" o "las palabras conmuenven, los ejemplos arrastran".
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